Aprender a Pensar

Bitácora de clase

Solilunio

José Biedma López

IES Francisco de los Cobos y UNED de Úbeda

¿Los prefieren canallas?

escrito el 12 de octubre de 2013 por en General


bad boy pis

¿Es verdad que las chicas los prefieren canallas? ¿Tienen más séxapil (sex appeal, llamada, reclamo, atractivo sexual) los chicos malos, fanfarrones y arrogantes, que los chicos formales, modestos y buenas personas?

Los psicólogos hablan de la tríada oscura, tres rasgos antisociales de la personalidad: narcisismo, psicopatía y maquiavelismo. Por narcisismo entendemos una especie enfermiza de veneración o amor vanidoso por uno mismo, un exceso de autoestima que implica desatención por todo lo que no sea Yo, y que hace objeto de deseo, morbosamente, a la propia identidad, real o imaginaria. Como en la antigua fábula del joven Narciso, este autoerotismo egocéntrico está condenado al fracaso y la esterilidad.

Un psicópata es un enfermo mental, una persona con trastornos de comportamiento. Y por maquiavelismo entendemos una mezcla de astucia y falta de escrúpulos morales. Al maquiavélico no le importa mentir o pisotear a quien sea, siempre y cuando pueda satisfacer con ello sus deseos, ambiciones o caprichos.

Los psicólogos saben desde hace tiempo que estos tres rasgos, narcisismo, trastorno del comportamiento y maquiavelismo, suelen presentarse juntos, por eso hablan de “tríada”. Parece natural pensar que este talante psicológico y moral no facilita las relaciones amistosas, sino más bien al contrario, y que una persona así se quedará sola y espantará a los demás.

Y sin embargo, algunos psicólogos mantienen que los jóvenes narcisistas, psicópatas y maquiavélicos ligan más y tienen más relaciones sexuales que los hombres “cariñosos”, aunque prefieran las relaciones superficiales a las estables, la aventura fugaz al matrimonio. Los egoístas, presumidos y arrogantes se llevan “la gata” a la cama, aunque luego la abandonen pronto, y tienen más éxito sexual que los discretos, sencillos y generosos. Al parecer, a muchas chicas les gustan los tipos antisociales y malos, al menos,  en su primera juventud, cuando los deseos instintivos y las emociones pesan más que las razones y los cálculos.

Bad-boy-Club

Mark Nelissen, biólogo belga, especialista en psicología evolutiva, ensaya una explicación para este extraño hecho: que ellas los prefieran malos.

A causa del gran tamaño de nuestro cerebro y cráneo, los cachorros humanos nacen muy inmaduros. Así que necesitan más protección para salir adelante que las crías de otras especies. En los clanes y tribus primitivos, las madres solteras tendrían serias dificultades para sacar adelante a sus hijos. Los hijos de los buenos padres de familia, protegidos y alimentados por éstos, tendrían más posibilidades de llegar a adultos y, por tanto, de reproducir y extender la predisposición genética a la fidelidad en sus descendientes.

Sin embargo, las relaciones fugaces, donjuanescas, también tienen sus ventajas evolutivas. Los hombres que mariposean de aquí para allá fecundan a muchas mujeres, no tienen que esperar un año para producir otro hijo, y pueden tener más descendientes de varias mujeres que aquellos unidos fielmente a una pareja estable y que sólo tienen descendientes de una mujer. Por otra parte, esos donjuanes infieles no invierten energía en el cuidado de la prole, no tienen que pagar vestidos ni matrículas, abandonan sus hijos e hijas biológicos a su suerte, así que están libres, fuertes y activos, para pasar de una relación esporádica a otra, seduciendo a muchas mujeres.

Son dos estrategias masculinas diferentes, cada una con sus propios beneficios evolutivos. Esto puede explicar la conducta de los chicos malos, pero no aclara por qué las chicas sucumben a sus encantos, por qué a las jóvenes las pone el estilo canalla y chulesco de don Juan. Lo lógico es que en el pasado, las abuelas de estas chicas prefirieran a los hombres formales, fieles y comprometidos con el cuidado de sus hijos. Pero si hubiera sido así, los genes de los “casanovas” no habrían prosperado y los tipos narcisistas y maquiavélicos habrían desaparecido. Y este no es el caso.

Charli Sheen

Resultó más bien que las chicas que se mostraron receptivas sexualmente, ante las insinuaciones de los chicos malos de la “tríada oscura”, también tuvieron hijos e hijas cuyos genes encerraban la predilección por las relaciones múltiples y a corto plazo ¡y de este modo se aseguraban un gran número de nietos!, pues los hijos eran tan frívolos y bravucones como los padres y sembraban y dispersaban su esperma en los úteros de muchas mujeres. Y un gran número de nietos es sinónimo de éxito evolutivo. Si bien es cierto que sus retoños de madres solteras tenían menos posibilidades de sobrevivir, los hijos supervivientes les dieron multitud de nietos al dejar embarazadas a muchas hembras embobadas por sus “encantos” de bad boys.

 

Bibliografía

Don Juan

Mark Nelissen. Darwin en el supermercado. Ariel, Barcelona 2012.

Ejercicios y actividades

1. ¿Quién fue don Juan Tenorio? ¿Cómo acaba el personaje en la obra de Tirso de Molina? ¿Y en la de Zorrilla?

2. ¿Quién fue Casanova?

3. ¿Quién fue Maquiavelo? ¿Dónde y cuándo vivió y qué dejó escrito? ¿Por qué es importante su obra en la historia del pensamiento político?

4. Investigue sobre el mito de Narciso y sobre el narcisismo como perturbación psicológica y sexual.

5. ¿Cree usted que estamos completamente condicionados por los genes para hacer lo que hacemos? ¿O los genes sólo nos predisponen y nosotros o nosotras decidimos?

6. Para ser leal, ¿hay a veces que oponerse o reprimir nuestras tendencias naturales? Ponga ejemplos.


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El otro

escrito el 10 de mayo de 2013 por en General

brownFredric Brown (Cincinnatti, 1906- Tucsa, Arizona, 1972) escribió relatos policíacos y de misterio. Sin embargo es considerado el maestro indiscutible del relato supercorto (SS, ‘super-short stories’) en el género de la ficción científica o futurista.

Humor negro, imaginación portentosa y dominio económico del idioma son valores que le sitúan a la altura de grandes escritores norteamericanos del XX como Bierce o Salinger.

Se casó dos veces y tuvo dos hijos. Ejerció como periodista y fue aficionado a la flauta, el ajedrez, el poquer y los relatos de Lewis Carroll.

He aquí una muestra de su arte. El relato en su inglés original puede hallarse en:

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/vertie/ensen/sentinel.htm

Fredricbrown

Fredric Brown

CENTINELA

(traducción, J. Biedma)

Estaba húmedo, lleno de barro; tenía hambre y frío y me hallaba a cincuenta mil años de luz de casa. 

Un sol extranjero producía una gélida luz azulada y la gravedad, que era el doble de aquella a la que él estaba acostumbrado, hacía del menor movimiento un cansancio penoso.

Después de decenas de millares de años este rincón del universo no había cambiado en absoluto.

Era muy cómodo para la aviación, con sus brillantes naves y superarmas; pero cuando se llegaba allí, tocaba a la infantería tomar y conservar la posición, palmo a palmo y costase la sangre que costase. ¡Precisamente eso sucedía en aquel maldito planeta de una estrella de la que no habíamos oído hablar hasta que aterrizamos allí! Y, ahora, era terreno sagrado porque el enemigo había llegado.

El enemigo, la otra única raza inteligente en la Galaxia…, cruel, repulsiva, criaturas espantosas, monstruos horribles.

El primer contacto había tenido lugar en el centro de la galaxia, tras la colonización lenta y dificultosa de unos doce mil planetas; la guerra estalló inmediatamente; dispararon sin intentar siquiera un acuerdo, una solución pacífica. Tuvimos que luchar con uñas y dientes.

ratónEstaba empapado, cubierto de barro y tenía hambre y frío, el día era crudo, soplaba un viento tan fuerte que me dolían los ojos. Pero los extranjeros estaban tratando de infiltrarse y cada puesto avanzado era vital.

Estaba alerta, con el arma preparada. A cincuenta mil años-luz de mi país, luchando en un mundo extraño y dudando de si salvaría el pellejo para volver a mi hogar, con mi mujer, con mi hijita.

Entonces vi a uno de ellos arrastrándose hacia mí. Apunté mi arma y abrí fuego contra él. El enemigo dio ese grito horrible y extraño que ellos dan. Luego, un silencio sepulcral. Estaba muerto. El grito y la visión del cadáver me hicieron estremecer. Con el tiempo, muchos de los nuestros se habían acostumbrado, no se fijaban en eso, pero yo no. ¡Eran criaturas espantosas, horribles, con sólo dos piernas, dos brazos, dos ojos, y aquella piel de un blanco nauseabundo y sin escamas!

Cuestionario

  1. ¿Cree que somos la única especie inteligente del universo?
  2. Si encontrásemos a otros seres inteligentes, ¿serían como nosotros?, ¿cree que nuestras relaciones con ellos podrían resultar pacíficas?
  3. ¿Explique cómo consigue el escritor producir un efecto de sorpresa en el lector?

 


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¿La primera feminista?

escrito el 6 de mayo de 2013 por en General

Damaris Cudworth, lady Masham

Damaris Cudworth, también conocida por lady Masham nació en 1659, hija de un profesor de Cambridge, en una época en que las mujeres tenían prohibido el acceso a los estudios universitarios. Esto no le impidió recibir por parte de su padre una educación esmerada. Cuando tenía veintidós años inició una intensa correspondencia literaria con John Locke, al que describe en una ocasión como “un segundo padre”. John Locke es considerado por muchos el mayor filósofo inglés de la historia moderna, y desde luego, si no ha sido el mejor, sí ha sido el más influyente.

Aunque Locke tenía veintiséis años más que Damaris, llegaron a ser amantes y no está claro por qué no se casaron. Ella contrajo matrimonio con Francis Masham, un viudo mayor, con ocho hijos de su primer matrimonio. Sin embargo, a partir de 1690, Locke estableció su residencia permanente en casa de los Masham. Damaris lo cuidó durante sus últimos días y noches, dándole la poca comida que el enfermo podía digerir. Parece ser que Locke le dedicó sus últimas palabras:

 “He vivido lo suficiente y doy gracias a Dios por haber disfrutado de una vida feliz; pero al fin y al cabo esta vida no es sino vanidad”

John Locke (1632-1704)

Locke había dispuesto que tras su muerte, la mitad de su hacienda pasase al hijo único de sir Francis y lady Masham. El filósofo admiraba enormemente a Damaris, y ésta acabaría escribiendo dos libros al final de su vida. Puede que los pensamientos de lady Masham constituyan la primera expresión moderna del punto de vista feminista. En efecto, en Pensamientos ocasionales a propósito de una vida virtuosa o cristiana (1705) razona en contra de cualquier forma de patriarcado y a favor de una visión del cristianismo basada en una igualdad total de los sexos.

Damaris murió en 1708 y fue enterrada en la abadía de Bath.

 

Cuestionario

  1. 1. ¿Por qué cree usted que las mujeres tendrían vedado el acceso a los estudios superiores en la época de Locke?
  2. 2. Actualmente, ¿tienen las mujeres la misma igualdad de oportunidades de formación en todas partes que los varones?
  3. Lea y comente el siguiente texto:

Meena Amiri, 17 años, estudiante de Mazar-e-Sharif, en la provincia de Balkh, al norte de Afganistán.

Meena dice: “Siempre he querido ir a la escuela pero durante mucho tiempo mi padre no me dejaba porque decía que no podía permitírselo. Decía ‘Somos pobres. No puedo permitirme comprarte libros, bolígrafos y cuadernos. No tiene sentido’”.

“Pero los niños normalmente no tienen ningún problema. Las personas tratan a las niñas y a los niños de manera distinta. A las familias no les importa que sus hijos reciban una educación, pero a muchos les supone un problema que las niñas vayan a la escuela.”

(Para más información sobre la educación de las mujeres en Afganistán pincha aquí)

4. ¿Qué es el patriarcado? ¿Existen o han existido sociedades matriarcales?

madame Châtelet

madame Châtelet

5. Otra mujer cuyo protagonismo intelectual en su época resultó más que sobresaliente fue Gabrielle-Émilie Le Tonnelier de Breteuil, más conocida por madame de Châtelet (1706-1749). Con extraordinario talento escribió sobre física y matemáticas, traduciendo al francés y comentando los Principios matemáticos de la filosofía natural de Newton. Casada sin amor, en una época de matrimonios por conveniencia, inicio una aventura amorosa con Voltaire (1694-1778), celebérrimo escritor, que se convirtió en una relación intelectual de dieciséis años, durante los cuales vivieron juntos con pleno consentimiento de su marido. Gabrielle tuvo otros amantes aparte de Voltaire.

No debemos juzgar su importancia como intelectual en funciones con los hombres. En una carta a Federico el Grande, el déspota ilustrado de Prusia, escribe:

“Júzgueme por mis méritos, o por mi falta de ellos, pero no me considere una simple extensión de ese gran general o de aquel gran erudito, de esa estrella que brilla en la corte de Francia o de aquel renombrado autor. Soy por derecho propio una persona completa, responsable únicamente ante mí misma de todo lo que soy, de todo lo que digo, de todo lo que hago. Puede que haya metafísicos y filósofos cuya erudición sea mayor que la mía, aunque yo no los haya conocido. Sin embargo ellos también son personas frágiles, y tienen sus defectos; de modo que cuando sumo el total de mis virtudes, confieso que no soy menos que nadie”.

Comente las palabras de madame Châtelet.


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Miedo y Valor

escrito el 21 de septiembre de 2012 por en General

Todos sentimos miedo. El miedo es una emoción animal, un mecanismo natural de defensa que nos prepara para la huida o el ataque, nos deja inmóviles o nos vuelve sumisos. El temor, la angustia, la zozobra, el pánico, son especies distintas de una misma afección del ánimo, un estado del alma provocado por algo que amenaza o pone en peligro la tranquilidad, el bienestar, la integridad o la vida del sujeto.

Pero no es lo mismo sentir miedo que ser un cobarde. Y una cosa es el valor y otra muy distinta no sentir miedo. Los toreros son un ejemplo de valentía, pero todos los toreros sienten miedo, por eso se les queda la boca seca o muerden la capa cuando el morlaco trota por la arena de la plaza. La valentía no es la ausencia de miedo, sino la capacidad para controlarlo, la habilidad para prevenir qué merece y qué no merece ser temido. El arrojado, el impávido, el que no siente miedo –decía Aristóteles- es un loco o un insensible. Lo peculiar de la valentía no es no sentir temor, sino sobreponerse a él. Tener la fuerza para hacer lo que quiero, a pesar de lo que deseo hacer. El torero desea salir huyendo, pero quiere quedar bien ante su público, burlar al toro, reírse de su miedo, sobreponerse a su angustia…

Un toro puede ser bravo, pero no valiente. La bravura es natural en él. Sin embargo, el coraje de la persona valiente que hace lo que piensa que es bueno sobreponiéndose al temor que le inspira el juicio de los demás, no es natural, sino que es una virtud moral, una cualidad aprendida. Igual que podemos aprender a enfrentar los problemas de la vida doméstica, en lugar de eludirlos.

No es valiente quien se enfrenta sin más al obstáculo, sino el que se enfrenta animado por la razón que busca el bien (Marina).

Más allá del valor natural, está la valentía como una excelencia del carácter, como aquella fortaleza del ánimo que nos permite actuar a pesar de los temores haciendo lo que pensamos que es bueno o que conviene en general a la humanidad. La valentía es así el valor para hacer lo que sabemos que debemos hacer, a pesar de nosotros mismos, del mundo y de los demás, y su esencia es la del comportamiento libre… Como hay que ser valiente para ser libre, muchos cobardes prefieren la seguridad de la dependencia o la obediencia ciega, a la libertad y el riesgo de tomar decisiones y diseñar la propia vida.

Compartimos con los animales las emociones básicas, pero la inteligencia introduce un cambio radical en nuestra vida afectiva, porque nos permite dirigir la acción por valores vividos y por valores pensados (Marina)

Es frecuente que se confunda la temeridad con la valentía. Pero un temerario es alguien que no reconoce un peligro real, alguien que expone tontamente su vida (y la de otros), por ejemplo conduciendo imprudentemente un coche o teniendo relaciones sexuales sin precaución. “El miedo nos hace prudentes” –dijo un famoso personaje de Shakespeare.

Sin embargo, el exceso de miedo nos paraliza, nos bloquea, nos impide pensar con claridad y actuar creativamente: la angustia nos puede bloquear en un examen, el pánico puede hacer que nos tiremos por la ventana ante la amenaza del fuego… Un buen equipo de fútbol mantiene la cabeza fría a pesar del miedo a perder.

El valor es fortaleza del ánimo, fuerza de caràcter. A veces, el coraje (otro nombre de la valentía) consiste en decir(se) no. Capacidad para resistir(se) a un impulso o a un acto que prevemos que pone en peligro nuestra salud, nuestro bienestar, nuestra dignidad, o la salud, la felicidad y la honra de otros. Decirle no al alcohol. cuando todos mis amigos beben, no es fácil, pues tememos al qué diran, al qué pensarán los otros. La psicología actual llama asertividad a la capacidad para exponer las propias opiniones y necesidades, y para defender los derechos personales, reclamando y afirmando la diferencia propia frente a la presión de los demàs.

No es valiente quien se enfrenta sin màs al obstáculo, sino el que se enfrenta animado por la razón que busca el bien (Marina)

Es valiente quien hace lo que conviene a la humanidad, aunque hacer lo bueno le asuste.

Para los samuráis japoneses, el valor apenas merecía contar entre las virtudes, a menos que fuera ejercitado por una causa justa, para hacer lo correcto. Para conseguirlo, el valiente debía poder contar con las virtudes supremas: amor, magnanimidad, solidaridad y compasión. La verdadera valentía no tenía así nada que ver con los “bárbaros actos sangrientos”, sino que se definía como “no despreciar nunca a un inferior ni temer a un superior”. Los samuráis seguían el código militar Bushido. Según éste, los que aprecian el verdadero valor deben, en sus relaciones diarias, poner en primer lugar la afabilidad e intentar ganar el amor y la estimación de los demás. El código Bushido enfatizaba la valentía, la integridad, la fortaleza y la lealtad. Un acto de valor no lo es si no se realiza con integridad, fortaleza y lealtad. Kurosawa, un famoso cineasta japonés, sublima la obligación tradicional del samurai, que se concretaba en “servir a su señor”, y la transforma en una obligación de “servir a la humanidad”, con el objetivo de “humanizar un mundo corrupto”.

Cuestionario

1. ¿Son más valientes los hombres que las mujeres?

2. ¿Es lo mismo sentir miedo que ser un cobarde?

3. ¿Por qué nos hace el miedo prudentes”

4. Defina “temeridad”.

5. Ponga ejemplos de actos valientes y de actos temerarios.

6. ¿Qué es la asertividad? ¿Se considera usted asertivo?

7. ¿Explique por qué el coraje moral es “fuerza de carácter? ¿Es lo mismo el carácter que el temperamento?

8. Busque información sobre la historia de los samuráis y sobre el cine de Kurosawa.

9. Comente las frase:

a) “El temor de Dios es el principio de la sabiduría”.

b) “Un temperamento miedoso puede dar a luz una personalidad valerosa”

c) “La razón concluye, pero no decide”

d) “El valor es el puente que une la razón con el deseo” (Platòn)

10. ¿Hay que ser valiente para dejar de fumar o hacer una dieta de adelgazamiento?

Bibliografìa

Josè Antonio Marina. Anatomìa del miedo. Un tratado sobre la valentía. Anagrama, Barcelona, 2006.


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La caja de música de María Zambrano

escrito el 10 de marzo de 2012 por en General

María Zambrano

“Primero quise ser una caja de música. Sin duda alguna me la habían regalado, y me pareció maravilloso que con sólo levantar la tapa se oyese la música, pero sin preguntarle a nadie ya me di cuenta de que yo no podía ser una caja de música porque esa música por mucho que a mí me gustara no era mi música, que yo tendría que ser una caja de música inédita de mi música, la música de mis pasos, de mis acciones…, y yo era una niña que no tenía remordimientos y aun sin ellos temía, o sabía, que una caja de música no podía ser.

Pregunté a mi padre quiénes eran los templarios. Recuerdo que me dijo que eran unos caballeros, y yo era una mujer. Y esto se me quedó en el alma gestando porque yo quería ser un caballero y quería no dejar de ser mujer, eso no; yo no quería rechazar, yo quería encontrar y ser fecunda.

¿Qué otra cosa quise ser? Pues quise ser centinela, porque cerca de mi casa se oía llamarse y responderse ‘Centinela alerta’, ‘Alerta está’. Y así yo quería ser un centinela de noche. Y entonces yo volvía a preguntar si las mujeres podían ser soldados solamente para ser centinela. Y mi padre que no, que no podía ser. Y así cuando me di cuenta que no podía ser de hecho nada, encontré el pensamiento, encontré lo que yo llamaba, lo sigo llamando la filosofía”

María Zambrano escribió estas palabras “A modo de autobiografía”.  La filósofa española nació en Vélez-Málaga en 1904, fue discípula de Ortega y Gasset, de Zubiri y de García Morente. En 1931 ejerce como profesora en la Universidad Central y, hasta 1936, en el Instituto de Bachillerato Cervantes de Madrid. Colaboró en la defensa de la República como Consejera de Propaganda y de la Infancia Evacuada. Al fin del conflicto se exilia en París, Nueva York y La Habana (Cuba). Trabajará como profesora en la universidad de Méjico y dictará cursos en Puerto Rico.

En 1953 vuelve a Europa y se instala en Roma y por fin en el Jura francés, cerca de Ginebra, donde escribirá Claros del bosque (1977), una de sus mejores obras. Poco a poco, su obra fue siendo reconocida en España, y en 1981 obtendrá el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. La Universidad de Málaga le nombra doctora honoris causa. En 1989 regresa a España y vive en Madrid. En 1985 fue nombrada Hija Predilecta de Andalucía, y en 1988 se le concede el premio Cervantes. Muere en 1991, siendo enterrada en Vélez.

Uno de los temas principales de su filosofía es el de la Razón poética, fundamental para la construcción de la persona, que se relaciona estrechamente con el descubrimiento de lo sagrado en nosotros, con la historia y con los sueños. Tratar con la realidad poeticamente es hacerlo en forma de delirio, cuyos estados propios son el temor y la esperanza.

Cuestionario

Relea el texto y conteste a las siguientes preguntas

1. ¿Qué quiso ser de pequeña María Zambrano? 2. ¿Por qué no podía ser caja de música? 3. ¿Por qué no podía ser caballero? 4. Explique por qué no renuncia a ser mujer. 5. ¿Dónde encontró por fin su destino? 6. Escriba una semblanza sobre García Morente y otra sobre Ortega y Gasset. 7. Explique qué es un remordimiento. 8. Defina el adjetivo “inédito”. 9. Defina los sustantivos “gestación” y “fecundidad”. 10. ¿Quiénes fueron los templarios? 11. ¿Qué es la filosofía? 12. ¿Qué relación puede haber entre la música, la caballerosidad, el oficio de centinela y la filosofía? 13. ¿Cuál parece el tema central de la filosofía de María Zambrano?


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“Matonismo escolar” y “cultura de la crueldad”

escrito el 28 de julio de 2011 por en General

¿Qué pasa con los chicos? Los varones están abandonando los estudios antes y con peores resultados que las chicas. El fracaso escolar de los chicos es superior al de las mujeres y crece, especialmente durante la adolescencia. Los varones expresan menor motivación por el éxito académico, mientras que las chicas se esfuerzan por acceder a estudios superiores, viendo en el bachillerato y la universidad, tal vez, una garantía para su seguridad y su autonomía futuras. O tal vez sea que se exige mayor rendimiento a las hijas que a los hijos, debido a la sospecha de madres y padres de que en el mundo laboral ellas lo tendrán más difícil.

Algunos sociólogos predicen una proletarización de los varones, que estarían condenados en un futuro inmediato a los trabajos más pesados, menos considerados y creativos, y peor retribuidos, en una sociedad dirigida por mujeres, en cuyas capas profesionales serán mayoría: profesorado, judicatura, abogacía, política, medicina, enfermería, pero también ingeniería, arquitectura, diseño industrial, dirección de empresa…

El perfil de varón adolescente se nos muestra conflictivo y con dificultades de cambio. Muchos chicos rechazan la formalidad de los estudios y les dedican escaso tiempo. Dicen a los catorce que lo que quieren es trabajar pero no saben ni en qué ni cómo, y difícilmente soportarían los horarios laborales si apenas aguantan los académicos, mucho más blandos. Demasiados chicos se ríen de quienes estudian, y solo muestran interés por tener un puesto de trabajo cuanto antes, que les permita disponer de dinero para presumir de coche tuneado o moto potente. Creen –equivocadamente o no- que tendrán más posibilidades de encontrar “curro” y mantenerlo que las chicas, pues son más “fuertes”.

Muestran también aversión por las tareas domésticas, que solo hacen si la madre les obliga. La mayoría reconoce que las tareas domésticas deben repartirse con equidad entre hermanos y hermanas, pero en la práctica ellos hacen mucho menos y peor que ellas en la casa y por la casa. Prefieren pasar el tiempo fuera de casa, con los amigos, dando vueltas… Exhiben desorden y falta de limpieza como signo de rebeldía y de orgullo masculino. Lavarse demasiado es de “nenazas”. No saben cómo educarían a sus propios hijos, y su ocio se centra en salir con los “colegas”, en el fútbol y/o en las litronas.

A juzgar por las encuestas, el éxito consiste para los adolescentes en ganar pasta, tener un gran coche, ser famoso y ligar muchísimo. Nada tiene valor si no es público y notorio. Se consideran naturalmente más violentos y agresivos que las mujeres. Se diferencian de las mujeres por no ser “débiles”, o sea “sentimentales”. manifestando energía, iniciativa e infalibilidad. Y creen que para ser muy machos deben rechazar e ironizar sobre lo femenino y mostrar desprecio por los “mariquitas” o “maricones”. El caso es que se expresan mal oralmente, no usan sus nombres propios, se tratan como cosas (“tronco”, “tío”, “picha”, “chorra”, “máquina”, “monstruo”…)  y algunos carecen por completo de habilidades conversacionales, respondiendo con monosílabos cuando se les pregunta por algo, o no respondiendo en absoluto, dando pruebas además de su dificultad para expresar sentimientos y emociones distintas de la rabia.

La conclusión es que la diferencia de géneros heredada y reproducida por los medios de comunicación de masas, los videojuegos, la tele… dificulta sus relaciones personales. Los estereotipos de lo que debe ser un macho, frente a lo que se supone que es una hembra humana, entorpecen la construcción de una identidad personal sólida, reducen su autoestima y motivación por el cambio y dificultan del todo la invención de una masculinidad alternativa “a la altura de los tiempos”.

“De algún modo estamos educando a varones adolescentes inmersos en el conflicto y la apatía, incapaces para relacionarse y con un profundo miedo a equivocarse” (Erick Pescador Albiach, “Masculinidades y adolescencia”, en Los chicos también lloran, Paidós, 2004).

Como si estuvieran presos del pasado, cuando el macho era un cazador nómada, y no había muchas diferencias entre la presa y la hembra. El feminismo ha reconstruido la feminidad y la mujer accede lentamente a posiciones y poderes sociales que le habían sido prohibidos, pero el espacio social y político (digamos, para entendernos, el poder) sigue definido en términos masculinos: fuerza, éxito, iniciativa, dureza sentimental, crueldad respecto del débil, desprecio hacia el que muestra buenos sentimientos, menosprecio de la creatividad artística, la sensibilidad poética, la curiosidad intelectual o la inquietud metafísica. En muchos casos, esto tiene que ver con dos fenómenos igualmente negativos:

1. La imitación por parte de algunas chicas y mujeres de modelos masculinos: “Yo no voy a ser menos que él, así que digo los mismos tacos, tengo la mano larga para golpear, la lengua ligera para amenazar e insultar, me hago la dura, renuncio a cualquier tipo de pudor o decoro en las relaciones sexuales, tomo la iniciativa como él, me aventuro con el alcohol y las drogas, etc.”

2. Los varones sienten su masculinidad amenazada al ver sus tradicionales espacios de poder invadidos por las mujeres.

Carlos Lomas cree que el resultado es la anulación y desvaloración de todo aquello considerado tradicionalmente como femenino: lo privado, lo doméstico, el cuidado y la educación de la prole, la honra y el respeto por los padres… Pero podemos preguntarnos si esta desvaloración, heredera del lugar que asignó el romanticismo rusoniano y el economicismo monetarista a la mujer, no es más bien causa de muchos problemas actuales de identidad de género, mejor que su efecto.  Si el trabajo doméstico tuviese prestigio, si fuese considerado por el Estado motivo importante para una exención o  reducción de impuestos, o tuviese que ser retribuido como merece, otra gallina u otro gallo nos cantaría…

Las mujeres “se deben a su sexo” y el espacio doméstico no renta económicamente, así que en un mundo dirigido por el crédito bancario, las labores domésticas (entre las cuales sin duda están las que resultan culturalmente más decisivas, como la socialización de la prole, las grandes tradiciones culinarias, el cuidado de los enfermos, etc.) sufren el abandono también de las mujeres en pos de una mayor ocupación femenina y feminista del espacio público. Pero para los varones –y para muchas mujeres- es impensable el flujo contrario y el ser “amo de casa” solo se ve como una posibilidad virtual, o como algo anecdótico o coyuntural. Nadie quiere ser identificado con lo que la sociedad no “aprecia”: barrer, fregar, cocinar, cuidar de los hijos, limpiar baños… todo lo tradicionalmente femenino. La consecuencia es que “lo doméstico queda deshabitado, con todo lo que ello supone para la crianza y el cuidado de las hijas y los hijos” (Erick Pescador, op. cit. pg. 120).

El mismo sistema consumista ha impuesto la necesidad de contar con dos salarios por unidad familiar para acceder a los niveles medios de bienestar que se precisan para poder “montárselo” como la mayoría manda: casa y coche propios, vacaciones en el Caribe, parcela y casa de campo, cosmética, gimnasio, ropas de marca, etc.

Los roles femenino y masculino se entrecruzan, y eso está bien, pero mientras que una mujer gana consideración al entrar en el mundo del trabajo y de lo público, un hombre la pierde si adopta roles tradicionalmente femeninos. Y la tendencia es a ejercer una paternidad y una maternidad ausentes. A los hijos/as, ¡que los eduque el Estado! Por otra parte, es rara la mujer que no se siente extraña en el mundo de la empresa y que no establece por ello un “techo de cristal” que le impide desarrollar todas sus ambiciones en ese campo. En muchos casos se halla en la dramática situación de tener que escoger entre el progreso profesional y el cuidado que requiere la prole más la conservación de las relaciones de pareja, pues se hace muy difícil la conciliación de la vida profesional y las obligaciones familiares.

En nuestra sociedad, virtualmente igualitaria pero realmente machista, el ocio es sobre todo privilegio de varones, pues las mujeres deben hoy ocuparse tanto de lo público como de lo privado, a doble jornada, haciéndose cargo de la casa, del trabajo, y de la seducción (¡triple jornada!). ¿Es esto justo? ¿Hay otras maneras de ser macho? ¿Hay otras maneras de realizarase como mujer que no incorporen la asunción de los estereotipos de dominación masculinos? ¿No es el estereotipo heredado de la masculinidad tan injusto como castrante, incluso para los propios varones?

Ciertamente, no podemos modificar nada de esto si no cambiamos la expresión pública de los valores masculinos, sean éstos representados por hombres o por “super-mujeres” capaces de repartir “hostias” y pegar tiros a diestro y siniestro, como si fuesen “superhéroes” de comic. Es imposible que podamos ayudar a los chicos a salir de este laberinto, si no surgen ideales e ideas distintas del varón, de lo masculino, que disocien por fin lo que debe hacer o evitar un hombre “de pelo en pecho”, “que se viste por abajo”, de esa “cultura de la crueldad” (Kindlon y Thompson, 1999) y de la dominación. Esa ideología, asociada al colonialismo histórico y al imaginario de Far West, fuerza al niño a negar sus necesidades emocionales, a “hacerse el duro”, a “disfrazar sus sentimientos por rutina”, a simular que es infalible, que no teme a nada ni a nadie, y lo lanza al aislamiento catatónico, al silencio insensible, a la impotencia que solo se disuelve o desahoga en ataques de ciega rabia y actos de violencia vandálica. Pollack (1998) lo denomina el “código del chico” y “la máscara de la masculinidad”:

“ese aire fanfarrón que los chicos adoptan para esconder sus temores, suprimir su dependencia y vulnerabilidad, y presentar un frente estoico e impenetrable” (“¿Qué pasa con los chicos?”, V. Foster, M. Kimmel & Ch. Skelton, en Los chicos también lloran op., cit.).

Los modelos tradicionales del macho fuerzan al niño a ejercer de “matón escolar”, pues generan una idea estereotipada del éxito, que excluye la amistad con la mujer, el trato de igual a igual, y potencia comportamientos violentos, agresivos y temerarios (“no eres hombre si no asustas, escandalizas, fumas, te emborrachas, te pegas el lote…”), comportamientos que son imitados por mujeres, que también consideran la violencia como un instrumento útil para conseguir poder o popularidad, incluso en la intimidad familiar.

La cultura “masculina” del patio, con su brutalidad, del deporte muy competitivo, donde lo que importa es sobre todo ganar, al precio que sea, se opone entonces a la cultura “femenina” del aula, de la escuela, del estudio, de la negociación verbal y las reglas éticas. ¿Extraña que se extienda el bullying cuando “vigilar y catigar” parece una estrategia derechista? ¿Extraña que los varones consideren los estudios como poco masculinos? Lo suyo es la acción directa, la aventura, la calle, como una huida hacia ninguna parte…

La homofobia, el desprecio a todo el que da síntomas de “nenaza”, a todo aquel que muestra sentimientos amables y pacíficos, es otra de esas claves que refuerza la estereotipada personalidad masculina, y que ejercen también muchas mujeres, deseosas de ganar prestigio entre los chicos o de hacerse temer por sus compañeras. Se trata también de negar todo lo “femenino” (según el estereotipo) que pueda haber en uno/una. Incluso las relaciones entre chicos se ven afectadas por estos prejuicios, pues en la relación entre varones la misma intimidad, el cariño y la proximidad física quedan anuladas, en beneficio del sarcasmo ofensivo, el insulto, el desprecio constante, el desafío sin tregua, la competición deportiva o la directa agresión física.

¿Qué impide que construyamos modelos alternativos de masculinidad? Posiblemente el obstáculo principal sea la falta de percepción de las ventajas del cambio por parte de quienes están acostumbrados a ver en su entorno el triunfo real o virtual (mediático) de la contención o simulación de los sentimientos (o de la exhibición de los malos (re)sentimientos), el éxito de la prepotencia ignorante y de la fuerza bruta, o sea, el imperio del miedo y del terrorismo, en lo público y en lo privado. Y, lo que es peor, a verlo en la tele, con su santificación pública de la fuerza, el famoseo, la arbitrariedad, la ignorancia y la simulación.

Cuestionario

1. ¿Por qué los chicos se esfuerzan menos por acceder a estudios superiores? 2. ¿Por qué predicen algunos la “proletarización” de los varones? 3. Describa el perfil del adolescente medio. 4. ¿Cree que la fuerza física es hoy una gran ventaja para conseguir trabajo? 5. ¿En qué consiste el “éxito” para los adolescentes?, ¿y el fracaso? 6. ¿Cree usted que el tener buenos sentimientos es una debilidad? 7. ¿Tiene usted dificultades para expresar sentimientos o emociones? Valore sus habilidades conversacionales de 0 a 10. ¿Cómo podría mejorarlas? 8. ¿Controla la ira o a veces “estalla” sin quererlo? 9. ¿Piensa usted que las chicas imitan hoy modelos masculinos? 10. ¿Se sienten amenazados los chicos por el creciente poder y éxito de las chicas? 11. ¿Cree usted que las tareas domésticas están menospreciadas? 12. ¿Está de moda ser “ama” o “amo de casa”? ¿Le importaría a usted serlo? 13. ¿Qué es el “techo de cristal”? 14. ¿Es fácil la conciliación de la  vida familiar y la profesional? 15. ¿Está cambiando o debe cambiar nuestra idea de “lo masculino” y “lo femenino”?, ¿en qué sentido? 16. ¿Disfrazan los jóvenes sus sentimientos? 17. ¿Conoces a chicos fanfarrones, con el perfil de “matón escolar”? 18. ¿Qué impide que construyamos modelos alternativos de masculinidad que no identifiquen lo masculino con la fuerza bruta y el éxito deportivo?


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Lenguaje, pensamiento y género

escrito el 30 de abril de 2011 por en General

Las lenguas no son repertorios de palabras, cada una de las cuales corresponde a una cosa. Las lenguas no son nomenclaturas y el lenguaje no es un calco de la realidad. Esa es una visión ingenua. Cada lengua organiza de un modo particular la experiencia. Se podría decir que cada lengua tiene su propia filosofía, su particular concepción del mundo, implícita en su vocabulario y su gramática. Los franceses distinguen entre “fleuve”, río que desemboca en al mar, y “rivière”, afluente de un río, y entre sueño de dormir (sommeil) y sueño de soñar (rêve). Nosotros, sin embargo, distinguimos entre “ser” y “estar”; en francés, ambas nociones se expresan mediante el verbo être. Para nosotros no es lo mismo “ser malo” que “estar malo”, ni “ser buena” que “estar buena”. Tampoco para los franceses, pero ellos establecen la distinción entre salud, moral y estética, de otro modo. El español distingue entre bosque, madera y leña, donde los franceses usan la misma palabra: “bois”…

Cada lengua organiza la experiencia de un modo particular. Podríamos decir que cada lengua supone una interpretación distinta del mundo, un mundo que sin duda es distinto para un habitante del desierto y para un habitante de la jungla (jungla de árboles o “jungla de asfalto”). La necesidad obliga, y es posible que una persona que se mueve entre árboles y hojas verdes durante toda su vida, distinga muchos más tipos de verde, de hojas y de árboles, que nosotros, teniendo más palabras para ello. La realidad le exige esas distinciones, pero la cultura que cuenta con expresiones diferentes ayuda también a discriminar lo distinto y a percibir diferencias. Los hablantes bilingües modifican su visión del mundo en función del idioma que usan o del idioma en que piensan.

La forma en que pensamos influye en nuestro idioma, pero también ocurre que el idioma que usamos influye en la forma en que pensamos el espacio, el tiempo o las relaciones con los demás. El nombre propio personaliza. Si no usamos el nombre propio de las personas próximas, si nos referimos al compañero o compañera como “tío”, “tía”, “tronco”, “tronca”, etc., acabará siendo fácil que les tratemos como cosas, cosas que pueden sustituirse fácilmente por otras cosas o que pueden usarse como instrumentos, instrumentalizarse para nuestros fines egoístas. Piensa mejor quien habla un lenguaje mejor; y solo quien sabe explicar bien qué es algo, conoce su esencia. No es posible comprender bien algo y no saber decir qué es ese algo. Somos el animal que da nombre a las cosas y dice lo que son, pero también somos el animal capaz de equivocarse y mentir, de decir lo que las cosas no son, involuntaria o voluntariamente. A una persona le puede “sonar” una palabra, puede sentirla como familiar, sin embargo únicamente la comprende bien si sabe definirla con otras palabras, relacionándola así con otros conceptos.

De manera vulgar u ordinaria, a una cosa que nos aburre la llamamos “coñazo”, y a una que nos sorprende gratamente la llamamos “cojonuda”. Es evidente que esos apelativos suponen una diferencia de aprecio, seguramente inconsciente, respecto del sexo femenino y del masculino. Cuando identificamos a una “mujer pública” con una prostituta, estamos también suponiendo que el espacio público y publicitario, el espacio de la política y del poder político, son propios (o propiedad) del varón, mientras que la mujer debe recogerse, necesaria u obligatoriamente, en el ámbito privado del hogar o de la cocina, manteniéndose subordinada al hombre. Son casos de sexismo lingüístico tradicional, que conviene conocer y superar. Es lo mismo que cuando decimos “trabajé como un negro”, damos por hecho que son las personas de ese color de piel las que deben trabajar más o más duro: una suposición racista

Las psicólogas Eleanor Maccoby y Carol Jacklin demostraron que tendemos a soltar más tacos y palabras malsonantes delante de un nene que delante de una nena, como si el primero tuviera que soportar un lenguaje más violento que la segunda. Sin querer, reforzamos la actividad masculina y la pasividad femenina. Así que el activismo de los varones y la pasividad de las mujeres puede ser una característica más cultural que biológica. En niños y niñas de dos años apenas hay diferencias en cuanto a la tendencia a ser miedoso/a, a depender de otras personas o a ser altruista (generoso/a). Los padres tienden a hablar de las niñas como delicadas, bonitas y débiles; y de los niños, como fuertes, inteligentes y robustos. Las expectativas de los padres influyen en el modo en que los hijos se ven a sí mismos. 

En cierto sentido, somos lo que decimos, el lenguaje nos constituye. Construimos nuestra personalidad interiorizando lo que oímos hablar y discutir a otros. El lenguaje es la casa (y a veces la cárcel) de signos y símbolos en que los humanos –a diferencia de los animales- habitamos. Si la casa está en mal estado, si usamos el lenguaje para amenazarnos, humillarnos o insultarnos, la casa ya no es un lugar seguro en que vivir, y es posible que renunciemos al diálogo (al dar y recibir razones), para resolver nuestros conflictos a palos o a tortazos.

El idioma que hablamos clasifica las cosas en masculinas y femeninas. Así, los medios de comunicación rápidos y fuertes como el avión y el tren son masculinos; mientras que los más lentos y frágiles, como la avioneta o la bicicleta, son femeninos. Se trata de “micromachismos” que van forjando nuestra forma de pensar. Cuando un artilugio “adquiere importancia” puede cambiar de género pasando de femenino a masculino: eso ha sucedido con la “computadora”, que ahora llamamos “ordenador”, o con la Red de Redes (Wide World Wet), la Internet, a la que cada vez más gente cambia de género: “tengo internet gratuito”…

El lingüista George Lakoff ha constatado en sus experimentos como los hombres interrumpen más a las mujeres cuando conversan, que éstas a aquéllos. Los hombres manifiestan lo que quieren de forma directa, mientras que las mujeres lo hacen más indirectamente. También parece que las diferencias de género se atenúan con la edad. Con los años, muchas mujeres pasan a ser más enérgicas, competitivas e independientes, atreviéndose a decir lo que piensan y quieren; mientras que los varones pueden permitirse el ser pasivos, sentimentales y dependientes… Es como si dejaran desarrollarse en la madurez y vejez una faceta de sí mismos (estereotipable como femenina) que han mantenido reprimida durante la juventud.

Se ha podido probar que el lenguaje afecta incluso a la edad con la que los niños y niñas se hacen conscientes de su sexo, es decir, adquieren una identidad de género. En 1983, Alexander Guiora, de la Universidad de Michigan, comparó tres grupos de niños que hablaban hebreo, inglés y finés. El hebreo marca el género en un gran número de casos gramaticales; incluso el pronombre “tú” se dice de modo distinto según el género. En finés, no existe distinción entre géneros; y el inglés, unas veces distingue y otras no. Pues bien, Guiora halló que los niños que se criaban en ambientes de habla hebrea averiguaban su propio sexo un año antes que los niños fineses, mientras que los ingleses lo hacían en un tiempo intermedio.

Acertijo

“Rodolfo viaja en un coche que conduce su padre. De repente, el vehículo choca con otro y el padre muere en el acto. Rodolfo es ingresado en un hospital entre la vida y la muerte. Es intervenido inmediatamente, pero al verlo, la persona que le va a operar exclama: ¡No puedo hacer esto: es mi hijo!”.

¿Cómo es posible?

Sexismo y alta tecnología

El sexismo no está reñido con la tecnología más avanzada. En 2004 salió un móvil 3G que permitía ligarse a una novia virtual, subiendo de nivel de relaciones a medida en que uno iba colmándola de atenciones, flores y diamantes. No existía una versión para ellas. El juego tuvo un gran éxito en el mercado oriental.

Cuchicheo masculino

La antropóloga Margaret Mead descubrió que las mujeres tchambulis se afeitaban la cabeza, se reían de forma franca y eran agresivamente eficientes a la hora de proveer de alimentos a la comunidad. Mientras, los hombres tchambulis se dedicaban al arte y pasaban mucho tiempo peinándose y cuchicheando sobre el sexo contrario…

Cuestiones

1. ¿Son las lenguas nomenclaturas, calcos de la realidad? 2. Influye el lenguaje que usamos en la forma en que pensamos? 3. Cuando te diriges a tus compañeros y compañeras, ¿usas su nombre propio? 4. ¿Qué es el sexismo lingüístico? ¿Y los micromachismos? Busque ejemplos distintos de los que ofrece la entrada. 5. ¿En qué sentido somos lo que decimos? 6. ¿Afecta el lenguaje que hablamos a nuestros sentimientos? ¿Y a la construcción del género o al reconocimiento del sexo? 7. Comente las dos ilustraciones de esta entrada. 8. ¿A qué se refiere el feminismo con el concepto de “invisibilidad femenina”? 9. Se ha probado que las mujeres parpadean más y sonríen más? ¿Son estas diferencias innatas o aprendidas?

Textos para el comentario

A. “Cuenta la escritora canadiense Margaret Atwood, con gran ironía y sentido del humor, que cuando estudiaba en la universidad, en los años 60 del pasado siglo, no encontraban mujeres para los puestos de responsabilidad en su facultad -a pesar del predominio femenino en la misma-, tuvieran los títulos que tuvieran. Es cierto que, en las últimas décadas, las cosas han cambiado, y mucho si se compara. Sin embargo, hay que preguntarse hasta que punto sigue funcionando una opacidad que impide ver a las mujeres reales, y qué mecanismos siguen actuando para hacer invisibles sus vidas y sus obras”. Esther Rubio Herráez. “La invisibilidad de las mujeres en la ciencia, una cuestión de androcentrismo” .

B. “En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”. ¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene entidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “-nte”. Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción. De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no dirigenta”; “residente”, no “residenta”.  Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y  muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el  periodismo no son “periodistos”), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española ? Creo que por las dos razones”.

Este texto circula por la Internet bajo el título “Carta de una profesora”.

 Bibliografía

Lera Boroditsky. “Lenguaje y pensamiento”. Investigación y Ciencia, abril 2011. Pgs. 41-43.

André Martinet. Elementos de lingüística general. Madrid, 1974.

Luis Muiño. “Micromachismos. Las prácticas imperceptibles de dominación masculina”. Muy Interesante, nº 351, agosto 2010.


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Autocontrol

escrito el 16 de febrero de 2011 por en General

 

¿Qué es mejor, dejarse llevar por los impulsos o controlarse?, ¿ser “natural” y espontáneo, o “educado” y comedido?, ¿nos conviene decir lo primero que se nos antoja, o debemos de hablar después de haber pensado mucho lo que vamos a decir? Hay quien habla para pensar, y quien no se decide a expresar sus sentimientos, aunque éstos sean los mejores sentimientos…

Características de impulsivos y reflexivos

Los antiguos vikingos pensaban que manifestar ira, tristeza o temor les debilitaba, haciéndoles vulnerables, así que aprendían desde chicos a reprimir la expresión de estas emociones, pues no es posible reprimir del todo las emociones mismas. Preferían, como un sabio estoico, permanecer imperturbables.

Los antiguos caballeros japoneses, llamados samuráis, también cultivaban el autodominio; como los espías de todas las épocas, para no delatarse.

El autocontrol permite dirigirse sin distracciones a la meta. El autocontrol es imprescindible para poder concentrarse en una tarea y llevarla a cabo eficazmente.

En sociedades muy comunitarias, en las que son muy fuertes los vínculos familiares y es muy alta la interdependencia, se fomenta la expresión espontánea de los sentimientos: la gente ríe y llora fácilmente, se queja cuando algo le duele, las personas se tocan o abrazan cuando sienten afecto, ¡o se golpean para expresar su ira!

Conviene ser espontáneo, claro, ¡pero dentro de un límite! Así que andamos indecisos entre dejarnos arrastrar por los impulsos o contenerlos. Oímos por un lado: “sé tú mismo, sé sincero, exprésate”, pero por otro lado: “si haces lo primero que se te ocurra vas a tener problemas”.

Platón comparaba el alma humana a un carro tirado por dos caballos alados, por dos pegasos: uno de ellos representa los impulsos más elementales, el hambre, el sexo, la sed; el otro, más noble, los sentimientos y emociones, la vergüenza, el sentido de la dignidad… En tercer lugar, el cochero (auriga) representa la razón, piloto del alma.

El piloto, el yo consciente, es quien tiene que gobernar, pero no podría llegar muy lejos sin la fuerza de los caballos. Lo que importa no es una de las partes, sino la armonía de las partes, que los caballos troten o corran al unísono y que el piloto no los gobierne tan rígidamente que los vuelva locos. De vez en cuando, hay que dejar que los caballos se relajen, pero no tanto que se pierdan triscando por donde les dé la gana. El caballo más díscolo –el de los apetitos e instintos básicos- debe atenerse al cálculo racional y volverse sobrio y templado; el caballo de los sentimientos tiene que ser valiente; y el cochero, prudente, de este modo, el alma se equilibra, su comportamiento resulta armónico, este es el ideal de un alma justa. La justicia era así considerada por Platón una virtud de virtudes.

 

En la vida práctica, lo que hacemos es modificar nuestra conducta hasta que encontramos el nivel de autorregulación más adaptativo, por ensayo y error. Así, puede que metamos la mano donde no debemos llevados por nuestra curiosidad, en un avispero o en una toma eléctrica, el dolor, gran maestro de la vida, nos enseñará a pensar otra vez lo que hacemos, no dejándonos llevar por la curiosidad…

Según ciertos estudios, casi el 90 % de la gente ha fantaseado alguna vez con matar a alguien. El ser humano puede comportarse muy feroz y cruelmente. La vida social sería imposible si la gente no aprendiese a refrenar moralmente sus impulsos, sobre todo sus impulsos asesinos.

Los límites de lo que se considera correcto expresar en público son diferentes en cada sociedad, pero todas las culturas y sociedades regulan los momentos de autodominio y de descontrol o desmadre. En todas las religiones y tradiciones hay días “fastos” y “nefastos”, días en que uno puede dar rienda suelta a sus deseos (banquetes, ferias, etc.) y días que deber consagrar a la rutina laboral y al cumplimiento de sus obligaciones.

No expresar nunca lo que sentimos puede resultar tan nefasto y suicida como expresarlo siempre.

Entre algunos primates, los individuos de menor jerarquía son los más pendencieros, mientras que los líderes, los jefes, son los más capaces de dominar su agresividad, que sólo emplean cuando es necesario para conservar el orden o el poder.

El autocontrol es la disciplina de la voluntad, y es esta facultad la que nos hace diferentes de los animales, pues podemos diferir hacia el futuro la satisfacción de deseos presentes, intensificando además el goce que dicha satisfacción nos proporciona. Los animales viven en presente, pero nosotros añadimos al presente la dimensión imaginaria del futuro. Sacrificamos placeres presentes, como seguir perreando en la cama por la mañana, por conseguir satisfacciones futuras: un título de secundaria o un bonito salario…

El autocontrol permite a la hormiga de la fábula acumular alimentos en su hormiguero para poder vivir cómodamente durante la estación fría y estéril, mientras que la cigarra, que vive al día, morirá en cuanto llegue el viento del norte… Sin autocontrol, el mundo sería una jungla, pero el excesivo autocontrol y rigidez también puede provocar trastornos psicológicos, como ataques de ira, depresiones; y enfermedades cardiovasculares, como ataques al corazón.

El psicólogo Walter Mischel, en un experimento que se ha hecho famoso, probó la relación que hay entre el éxito social y las habilidades de autocontrol. Reunió a un grupo de niños  de cuatro años, les dio un caramelo, les dijo que tenía que salir un momento y que si lo esperaban para comérselo les daría otra chuche. Sólo estuvo fuera unos minutos, pero algunos niños no pudieron esperar y se quedaron sin el refuerzo. Los que no se comieron el caramelo sufrieron por ello, miraban a otro sitio, procuraban pensar en otra cosa, hablaban consigo mismos…

Lo relevante es que el psicólogo siguió la trayectoria personal de estos niños y comprobó que los que no se habían comido el caramelo acabaron siendo más autónomos, responsables, mejor considerados por sus compañeros y mejor adaptados a su entorno, que los impacientes. Su paciencia, su capacidad para posponer la gratificación, les hacía más voluntariosos, más capaces para afrontar retos que requieren esfuerzo, como hacer dietas o dejar de fumar.

El autocontrol de las emociones es pues positivo y comprende:

• El control de las emociones e impulsos destructivos.
• Autodominio para resistir las “tormentas” emocionales.
• Capacidad para gestionar la ansiedad.
• Capacidad para tranquilizarse y consolarse uno mismo.
• Capacidad para aplazar las recompensas.
• Capacidad para canalizar de forma adaptativa las emociones y sentimientos.
(Conangla,100)

Es importante que los cuidadores les enseñen a los niños a controlar sus emociones, pero no a esconderlas, lo que deben aprender es la manera correcta de expresarlas, sacarlas a la luz y lidiar con ellas. Los que descubren la manera de convertir la angustia en algo llevadero son los que pueden esperar. Pero un uso excesivo de la fuerza de voluntad es agotador y puede suprimir gran parte de la alegría de vivir (Walter Mischel).

La mejor estrategia para saber hasta qué punto debemos autocontrolarnos, o qué pulsiones debemos controlar y cuáles desatar o incluso cultivar, es conocerse uno a sí mismo. “Los que tienen mucho pronto” harán bien en volverse más reflexivos mediante actividades que requieran reflexión, como hacer crucigramas o jugar al ajedrez; mientras que los demasiado reflexivos deberán hallar coraje para echarse para adelante cuando la ocasión lo requiera…

En la adolescencia, todos hemos sido o somos impulsivos, pues el lóbulo frontal , responsable del autocontrol, es la parte del cerebro que más tarde madura. Los expertos afirman que no se consolida hasta los veinte años.

El problema de la contención es que requiere mucha energía: ponerse a estudiar y concentrarse, por ejemplo, rechazando las distracciones del entorno, tele, amigos, móvil, música, etc. La mejor manera de disciplinarse es convertir las tareas que requieren voluntad en rutinas, en hábitos. Pasa lo mismo cuando aprendemos a conducir, al principio estamos en tensión y nos cansamos mucho, luego pasa a mecanizarse el control del volante y de los pedales del automóvil, el conductor avezado ya no tiene que pensar, su cuerpo sabe qué debe hacer…

Mida su autocontrol

Conteste con sinceridad a las veinte preguntas siguientes, eligiendo una respuesta del 1 al 5. 0 cuando la frase no es aplicable en absoluto a su persona; 1 si lo es en muy pocas ocasiones; 2 si lo es en ciertas ocasiones; 3 si muchas veces; 4 si casi siempre; y 5 si concuerda completamente con su vida y personalidad.

  1. Mis emociones no se notan a no ser que yo quiera.
  2. Nunca me han reprochado haber dicho ciertas cosas en una determinada circunstancia.
  3. Cuando recuerdo mis actos, me siento orgulloso de mis comportamientos.
  4. Si se presenta una situación nueva o difícil me lo pienso antes de actuar.
  5. Sólo cuento mis asuntos íntimos a personas muy escogidas.
  6. Nadie me considera melodramático y/o teatrero.
  7. En los momentos de tensión, la procesión va por dentro.
  8. No me gusta quejarme, porque creo que hay muchas personas igual o peor que yo.
  9. Mis problemas no afectan a mis ritmos de comidos o sueño.
  10. Cuando me fijo un objetivo, todo lo que digo y hago se dirije a conseguirlo.
  11. Creo que los actos impulsivos generan problemas.
  12. Me disgusta perder el control y por eso procuro no emborracharme.
  13. Tengo problemas de salud -trastornos digestivos y musculares- que pueden ser de origen mental.
  14. No me gusta mezclar el trabajo con el placer.
  15. No me enfado cuando algo frustra mis expectativas (no consigo lo que quiero).
  16. Me resulta fácil cambiar de hábitos si me lo propongo, como dejar de fumar, estudiar más, hacer más ejercicio, comer menos…
  17. Controlo los pensamientos negativos.
  18. Tengo pocos cambios de humor.
  19. Suelo anticiparme a los acontecimientos y planificarlos de antemano.
  20. Pienso lo que voy a decir antes de empezar a hablar.

Sume los puntos. El resultado indica su porcentaje de autocontrol. Por ejemplo, si el resultado es 30, hay en usted un 30% de autorregulación consciente de su conducta y un 70% de impulsividad.


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Vicios capitales

escrito el 30 de enero de 2011 por en General

‘Pluraque vitiorum imitari solere virtutes’, escribió Amiano Marcelino. La mayoría de los vicios suelen imitar a las virtudes.

En la sociedad de consumo de masas, las multinacionales del ocio y del negocio explotan sin vergüenza ni compasión las pasiones del público, sus debilidades, sus manías. “Consúmete consumiendo” -imperan-, aunque disimulen su mandamiento con halagos.

El amor se envilece, vuelto “lujuria” (palabra fuera de uso), reducido a la mercancía contante y sonante del sexo procuraorgasmos; la autoestima y el amor propio se reducen a narcisismo; se explota la envidia en forma de emulación para verder más; el público se vuelve perezoso creyendo que la felicidad se puede alcanzar tumbado en el sofá, manejando el mando a distancia… Ávido de bienes inútiles, de artefactos innecesarios, de placeres menudos, de emociones prefabricadas. El público infantil es glotón, y las autoridades sanitarias ponen tarde el grito en el cielo a causa de la obesidad mórbida, que se extiende como una plaga.

Los adolescentes se cabrean fácilmente en cuanto se les exige algo que no les gusta. A veces, se pegan o se matan por puro aburrimiento. La curiosidad se fusila a base de transparencia. Se sobrevalora la sinceridad y la tolerancia, donde la sensatez, la verdadera valentía o la prudencia, brillan por su ausencia.

Lo peor no es el alcoholismo juvenil amparado por nuestras autoridades en botellones multitudinarios, lo peor es que el vocabulario moral, imprencindible para distinguir el bien del mal, lo útil de lo inútil, lo conveniente y digno, de lo inconveniente e indigno, incluso lo bello de lo feo, se ha reducido a ordinarieces. Así, nuestras “criaturas” alcanzan a distinguir lo que “les raya” y lo que “les pone”, “lo chungo” de “lo de puta madre”. Entienden que “lo alucinante” y “lo morboso” es güay, pero no entienden ya el significado de hermosas palabras como “magnanimidad”, “sobriedad”, “austeridad” o “benevolencia”. El decoro les raya; la templanza les suena a represión o “trauma”. Expresiones que han formado parte de nuestra educación moral durante siglos, “gula”, “lujuria”, “pusilanimidad”, “temeridad”, “liberalidad”, “frugalidad”… les resultan tan oscuras como el húngaro.

Toda la moral cristiana, incluso aquella que no procedía diréctamente del Antiguo y del Nuevo Testamento, sino del humanismo clásico, como la que distingue entre los  “pecados capitales” y las virtudes que los compensan o limitan, se ha ido al traste en una generación, aún no sabemos por qué, porque las virtudes cardinales son tan paganas como cristianas, seculares y perfectamente laicas, humanistas avant la lettre.

Para colmo, su memoria cuelga de su embobada inteligencia como un músculo inútil. Ellos no han memorizado como nosotros la fábula de Las Moscas muertas en el panal por su glotonería, ni saben  de La Hormiga y La Cigarra, así que tampoco comprenden que la laboriosidad pueda tener su recompensa, frente a la juerga incesante del Cigarra cantamañanas.

Si la tecnología -también en la educación elemental- se traga del todo las enseñanzas del Humanismo y de la Ilustración, los medios sólo reproducirán banalidades, vanidades y sandeces. Necesitamos restaurar a toda prisa el saber que se transmite mediante narraciones edificantes y fábulas morales, el temor al mal, el amor al bien.

Para recordar viejas verdades he preparado dos presentaciones que exploto en clase con mi alumnado de segundo de ESO… Cualquiera las puede ver o descargar desde la página Ethos de mi Sofoteca


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Amor sublime

escrito el 6 de diciembre de 2010 por en General

Amor a primera vista

El amor es una fuerza poderosa que nos impulsa a la procreación, a la creación y a la veneración. La verdad (biológica) del amor son los hijos (Hegel). Su función primitiva es pues la reproducción, mediante la cual los genes se replican y combinan buscando su perpetuación, así como el cuidado y la educación de la prole. De la fortaleza del vínculo erótico que une a los padres se benefician los cachorros humanos que así, dependientes durante largos años, pueden, protegidos y orientados, dedicarse al juego, formar su espíritu y refinar sus costumbres.

Pero las obras de arte y los artificios del ingenio humano, incluidas las leyes que hacen posible la vida política, no deben menos al amor. Ese “anhelo de engendrar en la belleza” es también “ansia de inmortalidad” (Platón) por medio de todas nuestras acciones constructivas. Todo lo que hacemos grande y hermoso, lo hacemos por amor.

Un ejemplo extraordinario de amor sublime es el que ofreció el italiano Dante Alighieri en su relación con Beatriz. La vio con 9 años y a los 18 tuvo su segundo encuentro. Suficientes para que la hiciese protagonista de una parte importante de su obra literaria y sobre todo de su Divina Comedia. En el Paraíso (tercera parte de la Divina Comedia), escrito entre 1313 y 1321, es Beatriz, que murió con 24 años, tal vez de parto, la guía e interlocutora principal del poeta.

La Divina Comedia está considerada como una de las obras maestras de la literatura universal. Muchísimos de los mejores pintores e ilustradores se han inspirado en ella. Está dividida en 3 partes o cánticos (Infierno, Purgatorio y Paraíso), que se dividen en cantos compuestos de tercetos en dialecto toscano, matriz del italiano actual. En el poema, Dante personifica la humanidad; el poeta latino Virgilio, la razón; y Beatriz, la fe y la sabiduría.

“Beatriz” significa “dadora de felicidad” o “beatificadora” y en el Paraíso instruye al poeta con sus sutiles argumentos filosóficos y teológicos. Dante, que se casó con Gema Donati en 1291, con la que se comprometió a los doce años, y de la que tuvo cuatro hijos, sublimó sin embargo a su amada Beatriz convirtiéndola en su musa poética, su intercesora, y su madre sabia y protectora. En opinión de muchos críticos toda la fuerza y la belleza del grandísimo poema que es la Divina Comedia tuvo su origen en este amor espiritualizado que sintió Dante por Beatriz.

TextoIlustración de la Divina Comedia

Habíase hecho mañana en una parte del orbe; y en la otra, noche, y todo era blanco en un hemisferio y negro en el otro, cuando vi a la izquierda a Beatriz, que se había vuelto a mirar el sol, de manera que nunca águila alguna lo contemplara con tal fijeza. Y como del rayo que se refleja sube a lo alto un segundo rayo, como peregrino que en regresar medita, así de aquel acto suyo se reflejó en mi estimativa la altísima virtud y pude fijar la mirada en el sol más de lo que a los hombres nos es lícito. Muchas cosas pueden en aquel mundo nuestras facultades, que aquí les están vedadas: y eso ocurre por benéfica influencia del lugar que restaura y eleva a la especie humana. No sostuve mucho tiempo la mirada, pero tampoco un espacio tan breve que no pudiera ver cómo el disco solar lanzaba chispas en derredor, como un hierro calentado al rojo; y de pronto me pareció que a la luz del día se sumaba nueva luz, como si Dios hubiese adornado el cielo con otro sol.

Beatriz miraba fijamente las eternas esferas, y yo fijé mis ojos en ella, desviándolos de allá arriba: contemplándola, me transformé interiormente, como Glauco al gustar la hierba que le hizo en el mar compañero de los otros dioses. No es posible significar con palabras el acto de pasar a un grado superior la naturaleza humana [transhumanar no se podría significar por palabras] ; pero baste el citado ejemplo a quien la gracia divina reserva tal experiencia. Si de mí estaba sólo aquello que de mí creaste primero, lo sabes tú, ¡oh Amor que riges el cielo a que me levantaste!

Cuando la rueda que siempre mueve tu deseo me atrajo a sí con la armonía que todo lo rige y modera, me pareció entonces que gran parte del cielo estaba tan encendida por el fuego del sol, que ni lluvia ni río embalsó tanta zona al inundarse. La novedad del sonido y la gran luz encendieron en mí un deseo nunca sentido con tanta fuerza. Por lo que ella, que en mí veía como yo mismo, abrió su boca para tranquilizar mi excitado ánimo antes de que yo se lo pidiera, y comenzó a decir:

-Tú mismo te alucinas con tus falsas imaginaciones, por lo que no ves lo que habrías visto si las hubieras desechado. No estás ya en la Tierra según te figuras, pero ni el rayo, cayendo de su esfera, correría como tú corres a tu centro.

Y si aquellas breves y sonrientes palabras desvanecieron mi primera duda, caí en seguida en otra, por lo que dije:

-Satisfecho queda mi ánimo con respecto a la luz y al sonido que me admiraron tanto, pero ahora provoca mi extrañeza cómo puedo atravesar esos cuerpos leves.

Ella, al oírme, suspiró apiadada y me miró con el gesto que una madre suele hacer ante un hijo que delira, y repuso:

-Todas las cosas mantienen entre sí un orden, que es la forma que hace semejante el universo a Dios. Aquí las más altas criaturas ven la horma del eterno poder, que es el fin a que tiende cuanto has visto y ves ahora. Todas las naturalezas se inclinan a ese fin de diversas maneras, con impulso mayor o menor, según su vecindad. Se mueven como naves hacia diversos puertos por el inmenso mar del Ser, guiadas por un seguro instinto. Este instinto conduce al fuego hacia la Luna; promueve los primeros movimientos del corazón de los mortales, y es el que concentra y hace compacta a la Tierra. Y este arco se dispara, no sólo con las criaturas desprovistas de inteligencia, sino con las que tienen inteligencia y amor. La Providencia, que gobierna todo movimiento, mantiene en quietud con su luz el cielo, hacia el que gira quien con mayor prisa corre; ahora, como a fin que nos ha sido decretado, nos lleva allí la fuerza del instinto que tiende al objeto celeste. Aunque es verdad que como a veces no concuerda la forma con la intención del arte, porque la materia es sorda para contestar, por eso de esa tendencia se aparta en ocasiones la criatura, que tiene libre facultad de doblarse hacia otra parte. Y así como de una nube se ver caer el rayo, así el primer ímpetu puede volverse a tierra desviado por un falso placer. Si bien juzgo, no debes admirarte más por tu leve ascensión,  que de ver a un río descender desde lo alto del monte hacia el abismo. Lo maravilloso en ti sería que, libre como estás de todo impedimento, quedaras sentado en el fondo, como lo sería el que una viva llama permaneciese quieta y apegada a la tierra.

Y dicho esto volvió el rostro al cielo.

Bibliografía

He usado para la transcripción del texto las traduciones de M. Aranda Sanjuán (Espasa-Calpe, colección Austral, Buenos Aires, 1952), y la de Francisco José Alcántara (Mail Ibérica, Barcelona, 1968).

 Cuestiones

1. ¿Cómo describe Dante el Paraíso? 2. ¿Cómo transforma Beatriz al poeta? 3. ¿Qué atributos asigna el autor al Amor? 4. ¿Qué papel juega el Amor en el orden cósmico? 5. ¿Por qué se mueven las criaturas irracionales? 6. ¿Y las racionales? 7. ¿Hacia adónde apunta el instinto de las criaturas provistas de inteligencia y amor? 8. ¿Puede torcerse ese primer ímpetu?, ¿por qué? 9. ¿Cómo se describe al fin del  primer canto, lo maravilloso?


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