Aprender a Pensar

Bitácora de clase

José Biedma López

IES Francisco de los Cobos y UNED de Úbeda

Vicios capitales

‘Pluraque vitiorum imitari solere virtutes’, escribió Amiano Marcelino. La mayoría de los vicios suelen imitar a las virtudes.

En la sociedad de consumo de masas, las multinacionales del ocio y del negocio explotan sin vergüenza ni compasión las pasiones del público, sus debilidades, sus manías. “Consúmete consumiendo” -imperan-, aunque disimulen su mandamiento con halagos.

El amor se envilece, vuelto “lujuria” (palabra fuera de uso), reducido a la mercancía contante y sonante del sexo procuraorgasmos; la autoestima y el amor propio se reducen a narcisismo; se explota la envidia en forma de emulación para verder más; el público se vuelve perezoso creyendo que la felicidad se puede alcanzar tumbado en el sofá, manejando el mando a distancia… Ávido de bienes inútiles, de artefactos innecesarios, de placeres menudos, de emociones prefabricadas. El público infantil es glotón, y las autoridades sanitarias ponen tarde el grito en el cielo a causa de la obesidad mórbida, que se extiende como una plaga.

Los adolescentes se cabrean fácilmente en cuanto se les exige algo que no les gusta. A veces, se pegan o se matan por puro aburrimiento. La curiosidad se fusila a base de transparencia. Se sobrevalora la sinceridad y la tolerancia, donde la sensatez, la verdadera valentía o la prudencia, brillan por su ausencia.

Lo peor no es el alcoholismo juvenil amparado por nuestras autoridades en botellones multitudinarios, lo peor es que el vocabulario moral, imprencindible para distinguir el bien del mal, lo útil de lo inútil, lo conveniente y digno, de lo inconveniente e indigno, incluso lo bello de lo feo, se ha reducido a ordinarieces. Así, nuestras “criaturas” alcanzan a distinguir lo que “les raya” y lo que “les pone”, “lo chungo” de “lo de puta madre”. Entienden que “lo alucinante” y “lo morboso” es güay, pero no entienden ya el significado de hermosas palabras como “magnanimidad”, “sobriedad”, “austeridad” o “benevolencia”. El decoro les raya; la templanza les suena a represión o “trauma”. Expresiones que han formado parte de nuestra educación moral durante siglos, “gula”, “lujuria”, “pusilanimidad”, “temeridad”, “liberalidad”, “frugalidad”… les resultan tan oscuras como el húngaro.

Toda la moral cristiana, incluso aquella que no procedía diréctamente del Antiguo y del Nuevo Testamento, sino del humanismo clásico, como la que distingue entre los  “pecados capitales” y las virtudes que los compensan o limitan, se ha ido al traste en una generación, aún no sabemos por qué, porque las virtudes cardinales son tan paganas como cristianas, seculares y perfectamente laicas, humanistas avant la lettre.

Para colmo, su memoria cuelga de su embobada inteligencia como un músculo inútil. Ellos no han memorizado como nosotros la fábula de Las Moscas muertas en el panal por su glotonería, ni saben  de La Hormiga y La Cigarra, así que tampoco comprenden que la laboriosidad pueda tener su recompensa, frente a la juerga incesante del Cigarra cantamañanas.

Si la tecnología -también en la educación elemental- se traga del todo las enseñanzas del Humanismo y de la Ilustración, los medios sólo reproducirán banalidades, vanidades y sandeces. Necesitamos restaurar a toda prisa el saber que se transmite mediante narraciones edificantes y fábulas morales, el temor al mal, el amor al bien.

Para recordar viejas verdades he preparado dos presentaciones que exploto en clase con mi alumnado de segundo de ESO… Cualquiera las puede ver o descargar desde la página Ethos de mi Sofoteca



escrito el 30 de enero de 2011 por en General

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